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México y el talento intelectual que no quiere ver

Dr. Andrew Almazán Anaya, el director de Investigación del Centro de Atención al Talento

Entre-Vistas

El CEDAT advierte que México pierde miles de niños con altas capacidades por falta de detección, atención especializada y políticas públicas efectivas. “No perdemos a un estudiante, perdemos un futuro científico o innovador”, alerta el Dr. Andrew Almazán.

Jorge Arturo Castillo

Sin duda, la discusión sobre el talento intelectual en México sigue atrapada en mitos, rezagos y diagnósticos equivocados. Desde Houston, donde impulsa nuevas líneas de trabajo, el Dr. Andrew Almazán Anaya —director de Investigación del Centro de Atención al Talento (CEDAT)— advierte que el país apenas identifica a una mínima parte de sus niños sobredotados. La consecuencia no solo afecta trayectorias individuales; compromete competitividad, productividad futura y la posibilidad de que México genere innovación propia en las siguientes décadas.

“La inteligencia también se atrofia si no se estimula”

Durante más de quince años, el CEDAT ha diagnosticado y acompañado a más de 10 000 niños y jóvenes mexicanos con altas capacidades. Para el Dr. Almazán, el mayor problema no es la falta de talento, sino la ausencia de mecanismos que lo reconozcan a tiempo. El país tiene cerca de un millón de niños sobredotados, pero más del 95% nunca llega a una evaluación formal.

Esta falta de detección genera daños profundos. Muchos de estos menores reciben diagnósticos erróneos: déficit de atención, autismo leve, trastornos conductuales o problemas de aprendizaje. “Es como tener un atleta excepcional obligado a correr al ritmo de todos”, resume. La inteligencia, añade, no es estática. Crece o se atrofia según los estímulos disponibles. Por ello desarrolló el Programa de Potenciación Intelectual, un método que ofrece contenido más retador durante años para asegurar un desarrollo sostenido.

Dicho especialista insiste en que el talento intelectual en México solo puede florecer si se atiende desde edades tempranas, con planes de largo plazo y con estrategias que involucren a las familias, no solo a los centros educativos.

Un país que no mira a sus niños más inteligentes

Por supuesto, la cultura nacional también ha limitado el reconocimiento del talento. Hasta hace unos años, la idea de un “niño genio” era tan caricaturesca que impedía comprender los rasgos clínicos de la sobredotación. Hoy aún persiste el mito de que un niño inteligente debe tener excelentes calificaciones y buena conducta, cuando muchos casos muestran perfiles distintos: curiosidad extrema, concentración profunda en temas complejos y desinterés por contenidos repetitivos.

¿Quién lo duda? El cambio más significativo viene de los padres. Ante diagnósticos de autismo o déficit de atención que no encajan con la realidad de sus hijos, muchas familias buscan segundas opiniones. Ese cuestionamiento ha permitido acercarse a instituciones especializadas y evitar medicalizaciones innecesarias.

Para facilitar la identificación, el CEDAT desarrolló el Perfil del Sobredotado en México, un instrumento que describe patrones frecuentes en niños con inteligencia superior. Aunque no sustituye una prueba de IQ, funciona como una guía inicial para que docentes y familias consideren una valoración profesional.

Tecnología que abre puertas (y también confusiones)

Un dato interesante. La era de la teleconsulta permitió que familias de todo el país se acercaran al CEDAT. Aunque la evaluación formal sigue siendo presencial, la primera orientación puede realizarse a distancia. Esta apertura también evidenció un fenómeno postpandemia: el uso excesivo de pantallas generó dificultades de atención que, sin análisis cuidadoso, pueden confundirse con trastornos neurológicos.

Cuando un niño no encuentra retos suficientes, se aburre. Y cuando se aburre, se desconecta. Esta delgada línea explica por qué tantos casos son diagnosticados como déficit de atención sin considerar que podría tratarse de sobredotación no estimulada. “Tener un hijo sobredotado no es caro; lo demandante es el tiempo”, afirma el Dr. Almazán.

Para evitar esa confusión, el CEDAT trabaja simultáneamente con niños y adultos: rutinas, límites tecnológicos, estimulación adecuada y comprensión del entorno cognitivo.

Después de detectar al niño, empieza el trabajo más complejo

Confirmar la sobredotación es solo el primer paso. Algunos menores continúan en escuelas tradicionales y acuden al CEDAT por la tarde o en fines de semana para recibir clases avanzadas. Otros ingresan a programas intensivos desde preescolar hasta preparatoria.

Claro, el acompañamiento familiar es determinante. Sin continuidad en casa, cualquier avance académico se diluye. El CEDAT no solo forma a los niños; también capacita a los padres para comprender necesidades, ritmos, motivaciones y límites. “No basta con detectar a un niño con talento; se debe sostener ese talento hasta la adultez”, señala el especialista.

En términos económicos, el modelo del CEDAT es flexible. Como organización no lucrativa, ajusta costos según las posibilidades de cada familia. En algunos casos, padres con habilidades profesionales imparten cursos a cambio de servicios académicos para sus hijos. Este esquema ha permitido que niños de bajos recursos formen parte del programa.

¿Está listo el sistema educativo mexicano?

En este marco, el diagnóstico del Dr. Almazán es claro: no. El sistema está diseñado para atender al promedio, no a los extremos. Aunque la Ley de Educación reconoce a los alumnos con aptitudes sobresalientes, su aplicación es mínima y, en muchos casos, simbólica.

Por otro lado, en la práctica, la política de “inclusión” ha sido malinterpretada. En lugar de diseñar programas especializados, se integran en el mismo salón niños con discapacidad, estudiantes promedio y alumnos sobredotados, con un solo docente a cargo. El especialista explica el absurdo de esta situación: “Es como pedirle a un corredor olímpico que desacelere para que los demás no se queden atrás”. El resultado es la pérdida de impulso para quienes necesitan avanzar más rápido.

Algunas escuelas privadas han mostrado interés en estrategias diferenciadas, pero sin una política pública nacional, el avance será limitado. El talento intelectual en México requiere una estrategia estructural.

El costo económico de ignorar a los niños sobredotados

A la par, el impacto económico de esta omisión es profundo. El Departamento de Estado de Estados Unidos estima que cuando un joven de 18 años migra para estudiar, ese país ahorra alrededor de 70 mil dólares: lo que costó su formación desde preescolar. Ese ahorro es una pérdida equivalente para México.

Además, investigaciones del Dr. Richard Lynn demuestran la relación directa entre la inteligencia promedio de una nación y su ingreso per cápita. Un país que no cultiva su talento limita su competitividad en ciencia, tecnología, innovación y emprendimiento. El Dr. Almazán es contundente: “No perdemos a un alumno, perdemos a un futuro investigador o empresario”.

Un mensaje urgente para padres y maestros

Almazán insiste en que los padres lean el Perfil del Sobredotado en México y no descarten la posibilidad de que su hijo tenga altas capacidades. La sobredotación no siempre luce “disciplinada”. Puede ser inquieta, demandante, intensa y profundamente curiosa. “No hay que quedarse con la duda. Un talento no detectado es un talento perdido”, enfatiza.

También afirma que no es necesario salir del país. El CEDAT cuenta con diagnósticos formales en la Ciudad de México y programas de estimulación desde los dos años.

El futuro del CEDAT: más temprano, más amplio, más internacional

Dicho centro acaba de abrir operaciones en Houston para atender a la comunidad hispana y fortalecer el intercambio académico entre ambos países. Esta expansión permitirá compartir metodologías, formar redes y atraer talento de América Latina.

Otra de sus nuevas líneas de trabajo es la detección temprana en bebés de cuatro o cinco meses. Estudios recientes muestran que ciertas habilidades cognitivas pueden potenciarse desde edades muy tempranas. Identificar talento antes del primer año permitirá trayectorias más sólidas.

De manera paralela, México comienza a recibir familias de países hispanohablantes que buscan atención especializada. Este fenómeno revela un potencial estratégico: si el país acompaña adecuadamente a sus propios niños, puede convertirse en un polo de atracción de talento intelectual regional.

Para concluir esta entrevista, el Dr. Almazán expresa: “México puede atraer talento, pero primero debe cuidar el propio”.

Jorge Arturo Castillo

Jorge Arturo Castillo es licenciado en Ciencias de la Comunicación y cuenta con una maestría en Relaciones Internacionales, ambas por la UNAM, donde es profesor desde hace casi 30 años. Tiene más de 18 años de experiencia en la industria farmacéutica y es columnista especializado en medios varios. Su correo es: jcastillo@mundofarma.com.mx

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