La responsabilidad de comunicar temas de salud

Columna Conexiones Estratégicas
Las fake news en salud se propagan con rapidez y peligrosidad. Es urgente que los comunicadores asuman su papel estratégico en la difusión de información verificada. Una comunicación adecuada puede salvar vidas.

Eric Gaxiola
Las noticias falsas o fake news encuentran un terreno especialmente fértil en el ámbito de la salud: desde supuestas curas milagrosas difundidas en redes sociales hasta teorías conspirativas que cuestionan la eficacia de vacunas, tratamientos médicos o la legitimidad de los profesionales de la salud. Cuando la desinformación se disfraza de verdad, puede propagarse tan rápido y de forma tan peligrosa como cualquier virus.
En las redes sociales, los chats y las páginas web se puede encontrar mucha información falsa, teorías sin fundamento o consejos arriesgados que parecen reales; menciones a estudios que no existen o curas en días o semanas con poco esfuerzo. Muchas personas comparten estas publicaciones sin saber que son incorrectas, lo cual puede acarrear consecuencias graves para quienes las siguen.
La desinformación médica suele ser sutil y engañosa. A veces se presenta como consejos aparentemente inofensivos, cadenas bienintencionadas en WhatsApp o publicaciones en redes sociales con lenguaje técnico malinterpretado. El impacto de estos mensajes puede ser grave: retrasan diagnósticos, promueven tratamientos peligrosos, generan miedo y minan la confianza en las instituciones de salud.
Casos alarmantes que deben alertarnos
Un ejemplo de lo anterior fue el caso de Marilyn Cote, quien se presentaba en Puebla como psiquiatra y psicóloga con supuesta formación internacional, prometiendo curar la depresión en solo una semana. Durante meses ofreció consultas, ganó seguidores y se hizo pasar por una voz autorizada. Sin embargo, la realidad era muy distinta: carecía de credenciales válidas y su práctica irresponsable puso en riesgo a quienes dejaron de acudir a profesionales calificados. Este caso no es una anécdota aislada, sino una clara advertencia de los peligros que acarrea la desinformación en salud.
Otro ejemplo se vivió durante la pandemia de Covid-19, cuando se difundieron ampliamente remedios caseros y tratamientos sin comprobación científica como presuntas curas para el virus. Las autoridades sanitarias advirtieron que tales prácticas no solo eran ineficaces, sino también potencialmente peligrosas para la salud.
El papel estratégico del comunicador
Ante este panorama, el rol del comunicador adquiere una dimensión estratégica. No basta con difundir logros institucionales o responder ante crisis reputacionales; se requiere divulgar información verificada, sustentada en estudios y/o respaldada por voces especializadas.
Comunicar sobre salud consiste en fomentar una cultura de cuidado y promover un consumo crítico de la información. Cuando las personas aprenden a identificar fuentes confiables y a cuestionar lo que reciben, el impacto de las fake news se reduce drásticamente.
Nuestro papel es ayudar a las personas a comprender sus padecimientos y a reconocer la importancia de acudir al médico, para que sea este quien prescriba los tratamientos y no las redes sociales. Una agencia de comunicación especializada en salud puede hacer la diferencia, ya que conoce el mundo médico, entiende el lenguaje técnico y sabe cómo comunicarlo con claridad, sensibilidad y responsabilidad.
Educar para combatir la desinformación
Saber comunicar de manera responsable acerca de la salud es esencial. Es necesario educar y capacitar a la ciudadanía para que distinga qué información es confiable y promover el pensamiento crítico. Cuando las personas tienen las herramientas para identificar fuentes seguras, las noticias falsas pierden fuerza. Al final del día, una comunicación adecuada puede salvar vidas.



