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El sector farma: entre la complejidad regulatoria y la urgencia de profesionalizar la industria

Entrevista a Fausto Hernández, director general de VALID

Entre-Vistas

En un momento de transformación profunda, donde la industria farmacéutica enfrenta presiones regulatorias, tecnológicas y logísticas sin precedentes, el ingeniero Fausto Hernández advierte que la diferencia ya no estará en el tamaño de las empresas, sino en su capacidad para operar con calidad, consistencia y conocimiento técnico.

Jorge Arturo Castillo

Sin duda, la validación farmacéutica en México atraviesa uno de sus momentos más complejos. La industria enfrenta una combinación de presiones regulatorias, tecnológicas y operativas que están redefiniendo la forma en que las empresas garantizan calidad y cumplimiento.

La industria farmacéutica mexicana atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente. No se trata de una crisis aislada ni de un cambio coyuntural. Es una reconfiguración profunda en la que convergen factores regulatorios, tecnológicos, logísticos y políticos que están obligando a las empresas a replantear la forma en que operan, invierten y toman decisiones.

El ingeniero Fausto Hernández Montiel, director general de VALID, en entrevista exclusiva con Mundo Farma, no duda en definir el momento como un punto de inflexión. Con más de tres décadas de experiencia acumulada en su equipo y 15 años de operación en el mercado, su visión no es alarmista, pero sí contundente: la estabilidad que caracterizó al sector durante años ha quedado atrás.

Desde su perspectiva, lo que antes eran variables aisladas hoy se han convertido en un sistema de presiones simultáneas. Cambios de gobierno, nuevas asociaciones, transformaciones en organismos clave, avances en biotecnología e incluso la irrupción de la inteligencia artificial están modificando las reglas del juego.

Un sector bajo presión constante

Hablar del presente del sector farmacéutico implica reconocer que ya no existe un solo eje de cambio. Lo que el empresario describe es un entorno donde múltiples factores interactúan de manera simultánea, generando una complejidad inédita.

En décadas anteriores, la industria crecía con relativa estabilidad. Hoy, en contraste, enfrenta una especie de tormenta perfecta. La regulación se endurece, los procesos se sofisticaron y la exigencia de cumplimiento es cada vez mayor.

Ese entorno no solo impacta a los grandes laboratorios, sino a toda la cadena de valor. Desde la manufactura hasta la distribución, pasando por la validación de procesos, cada eslabón debe operar con mayor precisión y consistencia.

A pesar del contexto, el directivo mantiene una postura mesurada. Considera que la apertura reciente de las autoridades podría derivar en una recomposición del sistema, particularmente en temas críticos como el abasto y el fortalecimiento de la planta productiva nacional.

La validación como eje invisible de la calidad

Dentro de este escenario, el concepto de validación ha adquirido una relevancia estratégica. No es un tema técnico aislado, sino una condición indispensable para garantizar la calidad, la seguridad y la repetitividad de los procesos.

En palabras del propio entrevistado, la exigencia regulatoria no deja de crecer. Cada actualización normativa obliga a las empresas a elevar sus estándares, lo que inevitablemente impacta en costos, tiempos y capacidades operativas.

Lejos de verlo como una carga, lo interpreta como una evolución natural del sector. Sin embargo, advierte que muchas organizaciones aún no dimensionan correctamente la importancia de validar desde el origen.

El punto crítico está en el llamado “requerimiento de usuario”. Si esa base no está bien construida, todo el proceso posterior se debilita. No es un error evidente, sino una limitación estructural que puede comprometer la calidad final del producto.

Cuando la calidad falla, el costo se dispara

Uno de los mayores riesgos de una validación deficiente no es inmediato. Aparece después, cuando los procesos comienzan a mostrar inconsistencias o cuando los productos no cumplen con los estándares esperados.

El ejemplo que plantea es claro: un equipo que no alcanza la temperatura adecuada no garantiza esterilidad. A partir de ahí, el problema escala. La calidad se compromete, la operación pierde consistencia y el costo de corregir errores se multiplica.

La repetitividad, un concepto central en la industria farmacéutica, depende directamente de la validación. Sin ella, cada lote se convierte en una incertidumbre.

Además del impacto técnico, existe un componente regulatorio. Las empresas que no validan correctamente se exponen a sanciones, revisiones y pérdidas reputacionales que pueden ser difíciles de revertir.

Capacitación: el eslabón más débil

Más que señalar errores, el director general de VALID prefiere hablar de áreas de mejora. Y en ese terreno, la capacitación aparece como el gran pendiente de la industria.

El problema no es la falta de conocimiento en abstracto, sino la ausencia de formación específica en temas críticos. Muchas fallas operativas tienen su origen en personal que no sabe qué hacer o cómo hacerlo correctamente.

La capacitación, insiste, no debe verse como una pérdida de tiempo. Al contrario, es una inversión que permite prevenir errores costosos y asegurar la calidad desde el inicio.

Elegir un proveedor de capacitación tampoco es trivial. Para él, existen tres criterios fundamentales: dominio técnico, experiencia práctica y capacidad pedagógica. Sin esa combinación, el aprendizaje no se traduce en resultados.

Más allá de lo técnico: el valor de las habilidades blandas

En medio de un entorno altamente técnico, el directivo introduce un elemento poco explorado en la industria: las habilidades blandas.

La capacidad de negociar, comunicarse de forma efectiva y gestionar conflictos se ha vuelto indispensable en equipos cada vez más complejos y multidisciplinarios.

Aunque el sector ha comenzado a reconocer su importancia, aún existe un rezago importante. Las empresas invierten en tecnología y procesos, pero no siempre en el desarrollo integral de su talento.

Esa brecha puede marcar la diferencia entre organizaciones que se adaptan y aquellas que se quedan atrás.

VALID: permanencia como ventaja competitiva

En este contexto, VALID ha construido una propuesta basada en experiencia, infraestructura y consistencia. No es una empresa que compita por volumen, sino por calidad.

Su equipo combina trayectorias de hasta 40 años en la industria con un sistema de gestión certificado bajo estándares internacionales. Esa combinación le permite ofrecer servicios con un nivel de confiabilidad que no siempre es común en el mercado.

La permanencia también juega a su favor. En un sector donde muchas empresas desaparecen en pocos años, mantenerse durante 15 años es, en sí mismo, un diferenciador.

A ello se suma una presencia constante en eventos, redes y espacios de interacción con profesionales del sector, lo que refuerza su posicionamiento como actor relevante.

Tendencias: biotecnología e inteligencia artificial

Mirar hacia adelante implica reconocer que la industria seguirá transformándose. Entre las tendencias más relevantes, el directivo destaca el crecimiento de los biotecnológicos.

Aunque su adopción en México ha sido gradual, es cuestión de tiempo para que se consoliden como una parte central del mercado. Esto obligará a las empresas a desarrollar nuevas capacidades técnicas y regulatorias.

La inteligencia artificial también comienza a jugar un papel relevante. No solo en procesos de investigación, sino en la optimización de operaciones y toma de decisiones.

Ambas tendencias apuntan en la misma dirección: una industria más sofisticada, más exigente y menos tolerante a errores.

El reto de mantenerse vigente

En medio de la complejidad, el mensaje es claro: la industria debe ponerse a la altura del momento.

No se trata únicamente de cumplir con la regulación, sino de construir procesos sólidos, equipos capacitados y estructuras que permitan operar con consistencia.

El futuro no estará definido por quienes tengan más recursos, sino por quienes sepan utilizarlos mejor.

Para VALID, ese desafío también representa una oportunidad. Su trayectoria, su enfoque en calidad y su visión estratégica la colocan en una posición privilegiada para acompañar a la industria en esta transición.

La celebración de su 15 aniversario, en enero de 2027, no será solo un hito simbólico. Es, en realidad, la confirmación de que en un entorno cambiante, la consistencia y el conocimiento siguen siendo los activos más valiosos.

Jorge Arturo Castillo

Jorge Arturo Castillo es licenciado en Ciencias de la Comunicación y cuenta con una maestría en Relaciones Internacionales, ambas por la UNAM, donde es profesor desde hace casi 30 años. Tiene más de 18 años de experiencia en la industria farmacéutica y es columnista especializado en medios varios. Su correo es: jcastillo@mundofarma.com.mx

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