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La salud no cabe en el consultorio

De la receta médica a la receta social

Columna Desde el Legislativo

La salud no se define solo en hospitales ni recetas. En el mundo, la llamada prescripción social demuestra que los determinantes comunitarios —vivienda, empleo, cultura y entorno— son tan decisivos como cualquier tratamiento. México tiene el marco conceptual para hacerlo realidad: falta aplicarlo.

Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba

Cuando pensamos en salud, solemos imaginar quirófanos, recetas y hospitales. Pero la evidencia más sólida de los últimos años nos recuerda algo esencial: la salud de una persona no depende solo de consultas y medicamentos, sino de su vida cotidiana —vivienda, empleo, redes de apoyo, cultura y entorno—.

En Inglaterra, a esa mirada integral le llaman social prescribing o “prescripción social”: conectar desde la atención primaria a las y los pacientes con servicios no clínicos en su comunidad (actividad física, cultura, voluntariado, asesoría de empleo y vivienda, acompañamiento, entre otros) para mejorar el bienestar y reducir consultas que, en realidad, son sociales más que médicas.

Inglaterra y la revolución de la prescripción social

La escala ya es mayúscula. Un análisis nacional en The Lancet Public Health, de Feifei Bu y colaboradores, estimó que al cierre de 2023, 9.4 millones de consultas en Inglaterra involucraron códigos de prescripción social y 5.5 millones derivaron en referencias formales; tan solo en 2023, 1.3 millones de pacientes fueron canalizados. Además, la proporción de personas de zonas más desfavorecidas creció de 23% a 42% entre 2017 y 2023, y la negativa a participar bajó de 22% a 12% entre 2019 y 2023 —señales de aceptación y de retos de equidad que aún persisten.

¿Cómo lo hicieron? La palanca fue la atención primaria. Desde 2019, la prescripción social quedó inscrita en el NHS Long Term Plan; en 2022 se mandató que cada red de medicina familiar la ofreciera; y el plan de fuerza laboral de 2023 proyecta financiar 9 000 link workers (navegadores comunitarios) hacia 2036-2037. Aunque la expansión no ha sido homogénea, la trayectoria y los aprendizajes son claros: integrar lo social a lo sanitario desde el primer nivel de atención.

México ya tiene el “qué”; falta ejecutar el “cómo”

El Modelo de Atención a la Salud para el Bienestar (MAS-Bienestar) declara, con acierto, que debemos superar un sistema limitado a la provisión de servicios individuales y abrazar la Atención Primaria de Salud (APS) para garantizar el acceso universal efectivo. El propio acuerdo publicado en el DOF el 25 de octubre de 2022 subraya tres pilares: 1) Servicios integrados con énfasis en APS y funciones esenciales de salud pública; 2) Política y acción multisectorial para actuar sobre determinantes sociales, comerciales, culturales, económicos y ambientales; y 3) Personas y comunidades empoderadas.

En su arquitectura operativa, el MAS-Bienestar propone los Distritos de Salud para el Bienestar (DSB), un Servicio Nacional de Salud Pública (SNSP) y Redes Integradas de Servicios de Salud (RISS); es decir, una rectoría pública que articule acciones poblacionales e individuales —promoción, prevención, diagnóstico, tratamiento, rehabilitación y paliación— y que intervenga de raíz sobre los determinantes sociales. Es exactamente el terreno fértil para una “prescripción social a la mexicana”, desde todas las instituciones proveedoras de atención médica, públicas, privadas y de asistencia social.

De la consulta al territorio: cinco aprendizajes posibles

1. Del consultorio al territorio. En lugar de resolver en soledad desde la consulta, urge estandarizar un proceso de derivación social desde el primer nivel hacia activos comunitarios (IMSS-Bienestar, gobiernos municipales, organismos de la sociedad civil, cultura, deporte, empleo, vivienda). El precedente inglés muestra que una quinta parte de las consultas de atención primaria aluden a necesidades no médicas; si las redirigimos efectivamente, despresurizamos clínicas y mejoramos resultados.

2. Perfil clave: “navegadores de bienestar”. Los link workers británicos construyen con la persona un plan personalizado y acompañan su ruta. México puede formar gestores comunitarios anclados en los centros coordinadores, con metas de cobertura efectiva y de reducción de reconsultas evitables.

3. Indicadores que sí importan. El MAS-Bienestar ya plantea evaluación; aprovechemos para medir: a) proporción de consultas derivadas a soluciones sociales; b) tiempos de acceso a apoyos (empleo, vivienda, cuidados); c) reducción de consultas repetidas por problemas no clínicos; d) mejora del bienestar percibido; y e) equidad territorial por carencia social. El caso inglés documenta avances en cobertura en áreas más desfavorecidas y disminución de negativas; fijemos metas análogas y auditemos trimestralmente.

4. Multisectorialidad con dientes. El segundo pilar del modelo exige salud en todas las políticas. Cada derivación social necesita puertas realmente abiertas: ventanillas únicas municipales, convenios con secretarías de Trabajo, Cultura y Deporte, y reglas de operación que prioricen a pacientes referidos desde salud.

5. Tecnología con sentido. El Sistema Nacional de Inteligencia en Salud y las RISS deben registrar los flujos de derivaciones sociales con identificadores únicos y tableros abiertos —no para vigilar, sino para coordinar, aprender y corregir en tiempo real.

Un cambio cultural: de curar a cuidar

La prescripción social no sustituye a la medicina: la complementa y la hace más humana. El estudio inglés revela alta aceptabilidad y expansión rápida, pero también brechas por edad, sexo y región. Por eso, la clave es diseñar la equidad desde el inicio, con enfoque intercultural, participación comunitaria y priorización territorial.

El desafío no es solo clínico, sino cultural: pasar de una medicina que “cura” a una salud que “cuida”. Ese tránsito podría marcar la diferencia entre un sistema que reacciona y uno que realmente transforma bienestar en justicia social.

Éctor Jaime Ramírez Barba

El Dr. Éctor Jaime Ramírez Barba es un destacado político y médico mexicano, miembro del Partido Acción Nacional (PAN). A lo largo de su carrera, ha ocupado el cargo de diputado federal en diversas ocasiones, donde ha sido un ferviente defensor de la salud pública y la educación en México. Su labor legislativa se ha centrado en promover reformas significativas en el sistema de salud, buscando mejorar el acceso y la calidad de los servicios médicos en el país.

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