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Una industria en transición: diálogo, relevo y nueva agenda en el sector farmacéutico

Rafael Gual Cosío, director general de la Canifarma

Entre-Vistas

• Tras 17 años al frente de Canifarma, Rafael Gual Cosío deja una industria más unida y con mayor interlocución con el gobierno
• El pago de adeudos y el nuevo diálogo institucional abren una etapa de reconstrucción de confianza
• México tiene la oportunidad de convertirse en potencia farmacéutica regional, pero enfrenta retos regulatorios y de certeza jurídica

Jorge Arturo Castillo

En un país donde las instituciones suelen crujir en silencio antes de romperse, la industria farmacéutica optó por resistir de frente. Durante años de tensiones, cambios abruptos en la política pública y una narrativa que llegó a colocarla como responsable del desabasto, el sector se mantuvo en operación. Hoy, en un giro que pocos habrían anticipado hace apenas un par de años, comienza a transitar hacia una nueva etapa: una de diálogo, interlocución y, sobre todo, redefinición estratégica.

“Estamos viviendo un momento sin precedentes”, dice Rafael Gual Cosío, director general de la Canifarma, al iniciar la conversación con Jorge Arturo Castillo. La afirmación no es gratuita. En su lectura, la industria ha pasado de ser un actor incómodo a convertirse nuevamente en un sector estratégico para el desarrollo económico y sanitario del país.

El regreso de la industria al tablero estratégico

La reconfiguración global de las cadenas de suministro ha abierto una ventana de oportunidad para México. Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China han colocado a la industria farmacéutica en el centro de la discusión geopolítica, particularmente en lo relacionado con la producción de principios activos y sus precursores.

A este rediseño global se suma un elemento que no siempre se dimensiona: la seguridad sanitaria como un componente de seguridad nacional. Para Estados Unidos, reducir la dependencia de Asia no es solo un asunto económico, sino estratégico. Y en ese tablero, México aparece como un socio natural, aunque no garantizado.

Convertirse en ese socio implica algo más que cercanía geográfica. Requiere capacidades industriales, pero también estabilidad regulatoria, certeza jurídica y consistencia en la política pública. Es decir, condiciones que no dependen únicamente de la industria, sino del Estado en su conjunto.

“Hoy hay un interés claro en que México produzca no solo medicamentos, sino también APIs y materiales clave”, explica Gual.

Este reconocimiento contrasta con el pasado reciente. Durante el sexenio anterior, la industria fue señalada, cuestionada e incluso —en palabras del propio Gual— “satanizada”. Hoy, el tono ha cambiado.

Del conflicto al diálogo institucional

La relación con el gobierno federal atraviesa un momento distinto. La interlocución con autoridades, particularmente con el subsecretario Eduardo Clark, ha permitido abrir espacios de diálogo técnico donde antes predominaba la confrontación.

Mesas de trabajo, procesos de conciliación y coordinación operativa han comenzado a sustituir los desencuentros. No es un cambio menor. En un sector altamente regulado, la capacidad de interlocución es tan importante como la capacidad productiva.

Pero el propio Gual advierte: el entendimiento es real, pero no definitivo.

El costo del desorden… y el valor del pago

Uno de los episodios más críticos de la relación entre industria y gobierno fue el de los adeudos. Durante años, las empresas abastecieron al sistema público sin recibir pagos oportunos, lo que generó una presión creciente sobre su operación.

“Llegó un momento en que ya no se podía seguir avanzando”, reconoce.

La situación escaló cuando el gobierno atribuyó el desabasto a la industria. La respuesta fue inmediata: cifras sobre la mesa, más de 20 mil millones de pesos en adeudos y una narrativa que evidenciaba la fragilidad del sistema.

El impacto de estos adeudos no se limita a las empresas. Tiene efectos directos en el sistema de salud. Cuando una compañía deja de recibir pagos, ajusta su producción, modifica sus tiempos o limita su participación. El resultado es un sistema más lento, más frágil y menos confiable para el paciente.

Por ello, el proceso de pago no es solo administrativo: es estructural. Es la base para reconstruir la confianza.

Aprender a planear: la lección del abasto

Otro frente clave ha sido el de las compras públicas. Durante años, los procesos estuvieron marcados por improvisación, plazos imposibles y falta de planeación.

“Te pedían hoy para entregar mañana”, resume Gual.

Hoy, el gobierno parece haber incorporado esa lección. Las nuevas licitaciones contemplan plazos más realistas, lo que permitiría una mejor coordinación entre producción y demanda. La licitación para el periodo 2027–2028 será la prueba definitiva.

Sin embargo, el propio Gual matiza el optimismo: “Esperemos que funcione así”.

Porque en el sistema de salud mexicano, la distancia entre diseño y ejecución sigue siendo amplia.

Regulación: el punto crítico

Si hay un tema que atraviesa toda la conversación es el regulatorio. La falta de agilidad en procesos sanitarios sigue siendo uno de los principales obstáculos para el crecimiento del sector.

“No hay inversión sin certeza jurídica”, advierte.

En el terreno de la innovación, el desafío es mayor. México tiene potencial para convertirse en un hub de investigación clínica, pero enfrenta limitaciones en tiempos de aprobación y capacidades institucionales.

El riesgo es claro: quedar fuera de la conversación global en el desarrollo de nuevas terapias.

Una industria que aprendió a unirse

Más allá de coyunturas, Gual destaca un logro estructural: la unidad de la industria. A su llegada a Canifarma, las diferencias entre empresas nacionales y transnacionales eran profundas.

La estrategia fue identificar coincidencias y aislar conflictos. El resultado: una agenda común que hoy permite al sector presentarse como un interlocutor sólido.

“El 98% de los temas eran tratables”, recuerda.

Ese proceso fortaleció a la Cámara, que pasó de 136 a más de 180 empresas afiliadas.

El sexenio más complejo

Al hacer balance, Gual es categórico: el periodo más difícil fue el sexenio pasado. Cambios institucionales, desaparición de esquemas previos y falta de interlocución marcaron una etapa de alta incertidumbre.

“Fueron los años más complicados de mis 44 años en la industria”.

La industria resistió, pero no sin costos.

Lo que viene: abasto e integración regional

De cara al futuro, Gual identifica dos prioridades. La primera: garantizar el abasto oportuno. La segunda: posicionar a México como un actor relevante en América del Norte.

No se trata solo de medicamentos, sino de toda la cadena de valor.

El contexto internacional ofrece oportunidades. La pregunta es si el país está listo para aprovecharlas.

El cierre de un ciclo

En septiembre, Rafael Gual dejará la Dirección General de Canifarma tras 17 años al frente. Su salida coincide con un momento de transición para la industria.

Lejos de la política, su horizonte es personal: la pintura, la familia, una vida distinta.

Pero su mensaje final es claro:

“La industria farmacéutica es un activo para el país. No necesita fomento… necesita que la dejen trabajar”.

Porque más allá de nombres y coyunturas, lo que está en juego es la posibilidad de construir una relación madura entre industria y gobierno. Una relación basada en reglas, no en momentos.

La transición ya comenzó.

Y esta vez, el reto no es resistir… sino consolidar.

Al Margen

«Somos un aliado del gobierno, además de que nos hemos constituido en un sector estratégico para el país»: Rafael Gual Cosío, director general de la Canifarma.

Hay personajes que ocupan cargos… y hay otros que terminan por definirlos.

Durante años, la Dirección General de Canifarma no fue solo una posición institucional; fue, en buena medida, un punto de contención en momentos en que la industria farmacéutica enfrentaba cuestionamientos, incertidumbre y, por momentos, incomprensión desde el poder público.

A Rafael Gual le tocó estar ahí cuando no era cómodo. Cuando el diálogo escaseaba y la interlocución se volvía cuesta arriba. Y lo hizo con una combinación poco común en el sector público-privado: firmeza sin estridencias y capacidad de interlocución sin concesiones innecesarias.

Siempre estuvo abierto al diálogo. Y, en lo personal —con quien esto escribe—, esa disposición fue constante, directa y respetuosa, incluso en los momentos más complejos para la industria.

No es menor el momento en que decide cerrar este ciclo. Se va cuando la industria vuelve a ser escuchada, cuando el diálogo se reabre y cuando el sector tiene, nuevamente, condiciones para plantearse en clave de crecimiento y no solo de resistencia.

Queda la impresión de un hombre que entendió que su papel no era protagonizar, sino sostener. Y en un país como México, sostener a veces es mucho más complejo que transformar.

La industria farmacéutica entra a una nueva etapa.
Y, en buena medida, lo hace sobre una base que él ayudó a construir.



Jorge Arturo Castillo

Jorge Arturo Castillo es licenciado en Ciencias de la Comunicación y cuenta con una maestría en Relaciones Internacionales, ambas por la UNAM, donde es profesor desde hace casi 30 años. Tiene más de 18 años de experiencia en la industria farmacéutica y es columnista especializado en medios varios. Su correo es: jcastillo@mundofarma.com.mx

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