Hacia un México con salud visual: una visión clara para el futuro

Columna Bienestar Integral
En México, más de 16 millones de personas viven con algún grado de pérdida visual y, de ellas, más de medio millón padecen ceguera total. Detrás de estas cifras se esconde una realidad compleja: la discapacidad visual se ha convertido en la primera causa de discapacidad en el país, afectando la productividad, la calidad de vida y las oportunidades de millones de familias. Sin embargo, también hay motivos para mirar con esperanza.

Magdalena Macías
La presentación del documento “Propuestas para construir un México con Salud Visual 2024-2030”, elaborada por la Sociedad Mexicana de Oftalmología (SMO), la Asociación para Evitar la Ceguera en México (APEC) y la Fundación Mexicana para la Salud (FUNSALUD), representa un punto de inflexión en la agenda sanitaria nacional. Este plan, construido a partir del trabajo de especialistas, instituciones médicas, asociaciones civiles y líderes de opinión, propone diez estrategias integrales para revertir la tendencia del deterioro visual en el país y garantizar el acceso universal a servicios oftalmológicos de calidad.
El enfoque del documento es tan ambicioso como necesario: se plantea fortalecer la rectoría del sector salud, impulsar la colaboración público-privada, modernizar la infraestructura, integrar la salud visual en la atención primaria y fomentar la adopción de tecnologías digitales como la tele-oftalmología. Estos pilares no solo buscan atender a los pacientes actuales, sino también prevenir los casos futuros en una población que envejece aceleradamente.
El doctor Héctor Peña, socio fundador de Blutitude Health Care Intelligence, sintetizó bien el espíritu del proyecto: “La idea es clara: lograr un sistema articulado, incluyente y sostenible que permita prevenir millones de casos de discapacidad visual en los próximos años”. Detrás de esa claridad técnica hay un mensaje profundo: la salud visual no puede seguir siendo un asunto periférico o estético; es una condición básica de bienestar, productividad y equidad.
Telemedicina e inteligencia artificial
La doctora Valeria Sánchez Huerta, presidente regional para América Latina de la Agencia Internacional para la Prevención de la Ceguera (IAPB), añadió un elemento clave al presentar la propuesta número 11: establecer un marco normativo flexible y seguro que garantice la certidumbre jurídica en el uso de la telemedicina y la inteligencia artificial aplicada a la salud visual. Este paso es crucial. En un contexto donde la tecnología redefine los modelos de atención médica, México necesita reglas claras que equilibren innovación, derechos humanos y protección de datos, sin frenar el progreso.
Las causas de la pérdida visual son tan diversas como evitables. Los errores de refracción no corregidos y las cataratas representan tres cuartas partes de los casos de deficiencia visual y ceguera. A ello se suman la retinopatía diabética y la retinopatía del prematuro, dos padecimientos que podrían prevenirse con detección oportuna. Cada diagnóstico postergado implica una historia personal que cambia para siempre. Por ello, el reto no es únicamente técnico o presupuestal: es humano.
El doctor José Antonio Paczka Zapata, presidente de la SMO, lo explicó con claridad: “Estamos hablando de causas tratables, que si se abordan de manera oportuna pueden cambiar la vida de millones de mexicanos”. Su afirmación encierra una verdad fundamental: la atención oportuna puede significar la diferencia entre la autonomía y la dependencia, entre una vida productiva y una de exclusión.
Un enfoque integral
La salud visual también se cruza con otros desafíos del sistema de salud. Factores de riesgo como la edad avanzada, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y la exposición ambiental no solo afectan los ojos, sino que están vinculados a enfermedades crónicas no transmisibles que saturan los servicios médicos. Por eso, abordar la pérdida visual requiere un enfoque integral que combine prevención, educación y tecnología.
Las instituciones que participaron en la elaboración del documento —entre ellas el Hospital de la Luz, el Instituto Mexicano de Oftalmología y APEC— representan décadas de experiencia médica y compromiso social. Su trabajo conjunto muestra que la colaboración entre la ciencia, la práctica clínica y las políticas públicas puede generar resultados tangibles. En los últimos años, estas organizaciones han impulsado programas de detección temprana en escuelas, brigadas comunitarias y campañas de cirugía gratuita para poblaciones vulnerables. Cada intervención cuenta.
El impacto económico también es significativo. De acuerdo con los especialistas, la pérdida de productividad derivada de la ceguera y la deficiencia visual severa supera los 50 mil millones de pesos anuales. En otras palabras, invertir en salud visual no es solo un acto de justicia social, sino una decisión económica inteligente.
Estrategia sustentada en evidencia
El documento México con Salud Visual 2024-2030 plantea, además, la necesidad de alinear las políticas nacionales con las metas internacionales de salud ocular, impulsadas por la Organización Mundial de la Salud y la IAPB. La visión de futuro incluye una estrategia sustentada en evidencia, con indicadores medibles y programas escalables.
Pero más allá de los diagnósticos y las cifras, este esfuerzo tiene un componente inspirador: la convicción de que ver bien es vivir mejor. La salud visual nos conecta con el mundo, nos permite trabajar, aprender, disfrutar y mantener la autonomía. La prevención de la ceguera no solo restaura la vista, sino también la dignidad y la esperanza de las personas.
Una prioridad nacional
México cuenta con el talento médico, la infraestructura institucional y el conocimiento tecnológico para transformar este panorama. Lo que falta, como señalaron los voceros durante la presentación, es convertir la salud visual en prioridad nacional, con continuidad, coordinación intersectorial y voluntad política.
El mensaje final es contundente: invertir en salud visual es invertir en productividad, inclusión y calidad de vida. En un país donde la discapacidad visual crece silenciosamente, abrir los ojos ante esta urgencia es más que una metáfora: es una responsabilidad colectiva.
El futuro sin ceguera es posible si empezamos hoy a construirlo con visión, ciencia y empatía.



