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Probióticos: elegir con evidencia, no por cantidad

Frente a una oferta cada vez mayor de probióticos, el número de cepas o microorganismos no determina por sí solo sus posibles beneficios

Columna Invitada

Frente a una oferta cada vez mayor de probióticos, el número de cepas o microorganismos no determina por sí solo sus posibles beneficios.

Dra. Ana Sofía Osawa, Embajadora de la Biocodex Microbiota Foundation

El mercado de los probióticos crece y, con él, también las opciones para los consumidores. Hoy es posible encontrarlos en farmacias, supermercados y tiendas especializadas, en presentaciones que van desde yogures y bebidas hasta suplementos. Ante esta variedad, resulta fácil pensar que la elección depende de una comparación sencilla: más cepas, más microorganismos, más beneficios. Sin embargo, cuando hablamos de probióticos, la ecuación no funciona necesariamente de esa manera.

Considerados como microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden proporcionar un beneficio para la salud, los probióticos no actúan todos de la misma forma. La evidencia científica disponible se refiere a microorganismos y cepas específicas, utilizadas en determinadas dosis y estudiadas para beneficios concretos.

Por esta razón, dos productos que contienen probióticos no necesariamente son equivalentes. La presencia de microorganismos en ambos no significa que cuenten con la misma evidencia ni que puedan utilizarse indistintamente. Más que concentrarse únicamente en la cantidad, conviene observar qué microorganismo contiene el producto y qué se conoce científicamente sobre él.

No todos los probióticos son equivalentes. La cepa específica, la dosis estudiada, el beneficio buscado y las condiciones de conservación forman parte de los elementos que deben considerarse antes de elegir un producto.

La importancia de identificar la cepa

Esta distinción es fundamental al momento de evaluar un producto. Algunos estudios han demostrado beneficios de cepas específicas en situaciones determinadas, como algunos tipos de diarrea o alteraciones asociadas con el uso de antibióticos. Esos resultados, sin embargo, no pueden extrapolarse automáticamente a cualquier producto que contenga microorganismos.

¿Qué deberíamos considerar entonces al elegir? Un primer paso consiste en conocer la cepa y, posteriormente, identificar qué evidencia científica existe sobre ella, para qué beneficio ha sido estudiada y en qué dosis. De esta manera, la decisión deja de estar basada exclusivamente en elementos visibles del producto, como el número de cepas anunciado, para centrarse en la información que respalda su utilización.

Otro aspecto relevante es la calidad de fabricación y conservación. La viabilidad y las características del microorganismo deben mantenerse durante la vida útil del producto, por lo que no basta con observar únicamente el número de microorganismos o cepas indicado en una presentación. La forma en que el producto ha sido elaborado y conservado también forma parte de los elementos que deben tomarse en cuenta.

De la tendencia a la evidencia científica

Durante las últimas décadas, la investigación ha permitido conocer mejor el comportamiento de microorganismos específicos. Un ejemplo es Saccharomyces boulardii CNCM I-745®, una cepa probiótica de levadura estudiada durante décadas y estrechamente vinculada con los desarrollos del laboratorio Biocodex.

A la par de estos avances, el creciente interés por la microbiota representa una oportunidad para que los consumidores cuenten con mayor información sobre su salud. También plantea un desafío: aprender a distinguir entre una tendencia impulsada por el mercado y aquello que realmente dispone de respaldo científico. La diversidad de opciones disponibles hace todavía más importante contar con elementos que permitan diferenciarlas.

Ningún probiótico, además, debería entenderse como una solución universal. Su utilidad depende de factores como la cepa, la dosis, el objetivo para el cual se utiliza y las características de cada persona. Cuando existen síntomas persistentes o importantes, la valoración de un profesional de la salud sigue siendo fundamental.

Una pregunta diferente al elegir probióticos

Quizá por ello sea necesario cambiar la pregunta que hacemos frente a la creciente oferta disponible. En lugar de preguntarnos “¿cuál tiene más cepas?”, convendría plantearnos: ¿cuál es el indicado para el beneficio que estoy buscando y qué evidencia respalda su uso?

Cambiar esa perspectiva también puede ayudar a comprender mejor qué significa hablar de probióticos. No se trata simplemente de acumular microorganismos o buscar el producto que anuncie una mayor cantidad, sino de reconocer que las características específicas de cada cepa y la evidencia disponible son las que permiten valorar su posible utilidad.

Porque cuando hablamos de salud, elegir no debería ser una cuestión de cantidad, sino de evidencia.

Columna Invitada

Favor de escribir al correo: columna.invitada@mundofarma.com.mx

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