EntrevistasPlaceres

Fedro Guillén o el oficio de escritor*

El autor reflexiona sobre la literatura, el periodismo y el humanismo en una entrevista que conserva plena vigencia.

Entre-Vistas

Ganadora del Primer Lugar en la categoría Entrevista del Certamen Nacional Juvenil de Periodismo, esta entrevista, publicada originalmente en 1991, recoge las reflexiones del escritor y periodista Fedro Guillén sobre la literatura, el periodismo, la disciplina creativa y el compromiso ético del intelectual. Más de tres décadas después, sus palabras conservan una vigencia sorprendente.

Jorge Castillo Rivas

El maestro desciende unas escaleras en penumbra. La biblioteca, olorosa a papel viejo, se ve despertada por un saludo cordial. Al entrar a la sala se observan múltiples reconocimientos a la labor académica y literaria de Fedro Guillén. Los enormes retratos de Gandhi, de Albert Schweitzer y de Salvador Allende, observan atentos la conversación.

«El humanismo es una aspiración. El decir ‘soy humanista’, parecería pedante. En mí solo hay una vocación hacia el humanismo, lo cual es lo contrario de los odios raciales, políticos. Es ser tolerante. Es saber oír al que no piensa como uno. Yo creo que todo eso conforma esa dificilísima profesión que es la del humanismo…»

Desde un sofá blanco, el autor del relato Rodeada por el sueño, es dueño de un aplomo que inspira confianza e invita a la aventura de la reflexión. Él es un hombre tranquilo, apacible. Su rostro emana esa aura de serenidad que da la sabiduría de los años.

¿Usted se define más como periodista o como escritor?

— Tal vez más como escritor, aunque no hago una diferencia tajante entre ambas profesiones, porque pienso que el periodista debe ser un escritor. Yo publiqué mi primer libro (suspira profundamente) en 1945. Ya ha llovido bastante ¿verdad? No he sido muy constante porque uno va tomando la disciplina de escribir de manera paulatina. Por ejemplo, de 1945 a 1960 publiqué muy poco. A partir de los años sesentas escribí ya con más periodicidad. Hasta la fecha tengo publicados más de veinte libros, entre crónica, biografía, ensayo y relato.

Cuando el maestro escucha la pregunta acerca de quién le enseñó a escribir, alza la vista y busca entre los laberintos de los recuerdos. Sonríe y dice:

— Eso en realidad no lo enseña «naiden», sino Dios, como dicen los que son creyentes… Mi padre era escritor. Recuerdo claramente cuando él nos ponía a escribir a leer: eso es muy importante. Hice lo mismo con mis hijos, y ahora trato de hacerlo con las nietas. En mi caso, no empecé como la mayoría haciendo poemas. Mi primer libro es una especie de novela corta, el cual es un género que después abandoné por otros, pero pienso regresar a él porque creo que la novela es uno de los géneros más completos…

¿Qué significa para usted el oficio de escribir?

— Es una necesidad de comunicación, de información, de invitación a pensar en los problemas, en los temas. Es una manera de justificar la existencia: interrogante que casi todos nos la pasamos haciendo en ciertos momentos «¿qué hago aquí?, ¿para qué vivo?». El escritor es como el crear en pintura, en música, en ciencia, en política —cuando la política es creadora—. Es la mejor justificación de la vida.

El profesor de literatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, piensa que no cualquier persona puede llegar a ser escritor, pues hace falta suficiente talento, mucho esfuerzo y, sobre todo, constancia con cultura.

¿Cómo se descubre ese talento?

— Ese talento generalmente se lo descubren a uno, o lo atajan a tiempo para que no siga adelante —ríe pícaro mientras se sacude el pantalón—. Uno es un mal juez las más de las veces de uno mismo, porque sucede que nos creemos más de lo que en realidad somos o nos creemos menos. Por eso es importante publicar y aprender a ser tolerante con la crítica. Todo ello bajo la idea de que aunque se tenga talento y cultura, no van a salir las cosas desde el primer momento, sino sólo si se insiste y se hacen mayores esfuerzos: corregir, leer; es todo un proceso, el cual cada uno lo maneja de acuerdo a su temperamento, su educación, su medio. Es importante publicar no sólo de vez en cuando, sino —si es posible— hay que exhibir todos los días. A eso ayuda el periodismo.

En los vidrios de la sala empiezan a golpear enormes gotas de lluvia. La temperatura desciende un poco y Fedro Guillén cierra los botones de su suéter café…

¿Qué requisitos indispensables necesita una persona para poder aspirar a ser buen escritor?

— El talento, la vocación, la capacidad de poder entender que no va a ser un camino fácil. Saber que no se van a enriquecer sino excepcionalmente con el éxito de un libro…

El artífice de La aurora es inmortal cree que el buen escritor debe de tener la convicción de que debe defender algo en la cual se cree. Para él, esto es una forma de colaborar a mejorar las circunstancias del mundo, del país y de la sociedad en su conjunto. «Esa lucha, corresponde al escritor sin duda, como al político, como al maestro, etcétera…».

Un buen libro —en palabras de Fedro— se reconoce cuando existe esa intercomunicación entre lector y autor. «Es entonces cuando empieza a gustar, a interesar; aunque esto varía mucho con la cultura, la edad y la sensibilidad». Un buen libro es en síntesis, aquél que le enseña a uno algo, que invite a pensar, a reflexionar.

Usted afirma que se debe escribir siempre, no importando que la inspiración no llegue.

¿No hay un momento ideal para escribir?

— No hay un solo momento. Hay mejores momentos. Esto se ve en el ánimo ¿por qué unas veces estamos de mejor humor que otras? Influye el tiempo sin lugar a dudas. La lluvia deprime a la mayoría de la gente, en cambio una tarde bella de primavera o de otoño, contribuye a otro estado de ánimo…

Lo de la inspiración es un poco pasado de moda, porque el escribir debe ser un oficio para practicar —si es posible— todos los días. Escribir aunque sea una página o unos renglones, con el fin de ir desarrollando el estilo y la forma de expresión. Yo siempre digo: hay que escribir en el metro si es necesario, o en un camión, o cuando uno se acuesta porque uno se pone muchas excusas: «voy a comenzar ya mi libro cuando…» y ese cuando nunca llega. Lo mejor es comenzar de una vez. Ese es el secreto.

¿Cuál es el ánimo que motiva a una persona a plasmar sus pensamientos en forma de escritura?

— El tener una respuesta a la vida. Para algunos vivir es hacer dinero —para la mayoría dentro de nuestra educación—, para otros vivir es el poder. El escritor, el artista, siente la invitación a decir un pensamiento a favor de algo o de alguien, o simplemente de comunicar una emoción…

Entonces, ¿se debe escribir motivado por la alegría, la tristeza, el dolor o la euforia?

— Podría ser, pero no es necesario. En poesía sobre todo, la gente cree que cuando se escribe sobre el amor se debe estar enamorado, cuando se escribe sobre la tristeza se debe estar apesadumbrado. Yo siento que el escritor tiene la obligación de irse imaginando los diferentes estados de ánimo para describirlos.

El ruido estridente de un avión interrumpe la charla. Cuando el sonido se aleja y los vidrios dejan de vibrar, Fedro Guillén prosigue. Habla con esa cadencia y armonía de quien está acostumbrado a contar anécdotas.

Para mucha gente, el escribir es una forma de darle cauce a la angustia, la pasión o a la simple fatalidad…

— Eso depende del temperamento de cada uno. ¿Cuál es el concepto de la vida que se tiene? ¿Qué es una amargura? ¿Qué es una fatalidad? Pues así lo dice y punto. Actualmente, es muy común ver a los jóvenes pensar que la vida está dentro de ese marco: las guerras, las injusticias, la pobreza —cavila un poco y suspira—, ¡tantas cosas!… Pero a pesar de eso hay que recordar a espíritus memorables —como Gandhi, Martin Luther King o Romain Rolland—, para saber que el hombre a pesar de tener mala salud, padecer injusticias y adversidades, a pesar de eso, se levanta y surge, y hace grandes cosas. No se deja vencer y no se vuelve un quejoso o un escéptico.

Pronto, los como que continuamente reciben escritores como Rafael Alberti o Gabriel García Márquez por sus trabajos periodísticos, de alguna manera confirman que los escritores suelen ser buenos periodistas.

Ahora, ¿cree usted que los periodistas son buenos escritores?

— Las dos cosas se pueden dar. Hay una larga lista de escritores profesionales —con esto quiero decir autores de libros— que han escrito en la prensa. A la vez hay muchos periodistas que teniendo como profesión el periodismo, de pronto hacen buenos libros. Creo que ambas profesiones son muy contiguas; aunque algunos escritores con cierta pedantería, ningunean al periodismo.

Al momento de escuchar la interrogante «¿a qué autores permanece fiel?», el autor de La semilla en el viento, explota en una risa que se expande por toda la sala, con esa lucidez de conocedor y promotor de cultura. En los anaqueles se observa falta espacio, donde muchos libros desordenados demandan un lugar más cómodo y privilegiado dentro de la vasta biblioteca de Fedro Guillén.

— ¡Yo creo que ya no los voy a cambiar! Tengo una larga lista de gentes que admiro, especialmente me gustan mucho los escritores rusos del siglo pasado, encabezados por Tolstoi y por Dostoievsky. En el caso de México, pues admiro a varios de la generación del Ateneo: Vasconcelos, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán… También me deslumbran poetas como Pablo Neruda o Carlos Pellicer. Entre los novelistas de generaciones recientes, es muy difícil encontrar otro como el de García Márquez —caso típico de periodista convertido a escritor de primer nivel—: él es un extraordinario hombre de letras. ¡Claro, la lista no acaba ahí! Uno no puede olvidar a tantos escritores clásicos. Siempre se debe volver a ellos…

Yo tengo la costumbre de releer a los clásicos. No de hoja en hoja, sino que abro un capítulo de Dante, abro un capítulo de Goethe, abro un capítulo de este o del otro, y siento que hay enseñanza, siento su grandeza y me explico por qué no pasan…

La voz de Fedro armoniza perfectamente con la decoración de la estancia. Su mirada se dirige hacia la chimenea llena de leña seca, encima de la cual hay un altar de cultura donde el autor del Laurel y la sombra, rinde un diario y merecido homenaje, a través de la evocación, a seres como Emiliano Zapata, Fidel Castro, Rubén Darío o Lázaro Cárdenas, entre otras muchas imágenes que tapizan este enorme muro. Sentimentalmente, destaca el cuadro del maestro Flavio Guillén —padre de Fedro—, ex gobernador del fronterizo estado de Chiapas.

¿Por qué le fascinan tanto escritores como Dostoievsky, Rolland o el mismo José Vasconcelos?

— Porque fueron luchadores que empezaron a luchar contra ellos mismos. Vasconcelos era un hombre problemático, escéptico. Rolland por ejemplo, pasó graves crisis existenciales. En una de esas crisis, después de divorciarse, dice una cosa muy hermosa: «pensé qué debería hacer, y busqué a Beethoven… «¿por qué? porque Beethoven es también de carácter: él a pesar de que se estaba quedando sordo, no era una gente que se quejara, sino que se puso a crear cosas inimaginables…

¿Como escritor, modificó en algún momento su proyecto?

— No. Yo dejé de hacer relato porque descubrí que me interesaba mucho el ensayo y la biografía, precisamente siguiendo esas grandes almas; pero eso de modificar el plan, no. Hay quien escribe haciendo un plan de guerra; pero yo voy escribiendo, voy compulsando…

En este momento, el maestro Fedro Guillén señala que él ha estudiado y hecho biografía de personajes —para él apasionantes— como Tolstoi, Belisario Domínguez, Jesús Silva Herzog, Isidro Fabela, Martín Luther King y el mismo Romain Rolland.

¿Como periodista, hoy quiere decir lo mismo que quería decir antes?

— No, porque uno va encontrando, va aprendiendo. El joven es muy agresivo. El joven quiere siempre componer al mundo de pronto. Por eso, cuando uno empieza a hacer colaboraciones periodísticas, se debe cuidar la forma de expresarse, sobre todo si se trata de un periódico como empresa. El periodista tiene la obligación de buscar ángulos nuevos…

Precisamente ahora, con la Cumbre de Guadalajara, parece que todos los periodistas se hubieran puesto de acuerdo para escribir parecido. En relación al mismo tema, yo escribí un artículo y el director de mi periódico no me lo quería publicar porque conté una anécdota de Fidel Castro que a mí me parece simpática: a una chica se le acercó al mandatario cubano a pedirle un autógrafo y a decirle que lo admiraba… Con la característica simpatía cubana, Fidel Castro le dijo: «oye, pero ¿no me estás confundiendo con el presidente de Brasil?»; por cierto, con ese episodio, el director del periódico pensaba que se iba a romper la formalidad de la Cumbre. ¡Es increíble! Nos falta humorismo. En nuestro ambiente se advierte qué pocos humoristas tenemos, como que decimos «ya escribir muy en serio, ¡con solemnidad!». Nosotros le tenemos miedo a la broma.

¿Qué es el humorismo para usted?

— Eso precisamente, darle un sentido mejor a la vida: no todo es tan tremendo como de repente lo creemos; y eso supone cierta capacidad de burlarse un poco de uno mismo, de no creerse la divina garza. Nos hace falta humorismo porque en otras culturas como la yanqui o la europea los mandatarios incluso hacen bromas. Por ejemplo, cuando llegó Miguel Alemán Valdés al país del norte —Alemán era un hombre muy simpático— le dijo, en un banquete en su honor: «señor presidente Truman de aquí porque seguramente que bueno usted no va a competir en las elecciones de aquí porque seguramente las ganaba»… ¿Cuándo a uno de nuestros jefes de estado se le ocurre una cosa así?

El creador de Atrás quedó la bruma se ve obligado a alzar la voz, al pasar nuevamente un avión, el cual hace retumbar hasta un diminuto cuadro que tiene atada una carta dirigida a Fedro Guillén y firmada por Agustín Yáñez quien le replica, después de haber leído un libro suyo, «Usted dice que vencer a la muerte es vivir; yo complementaría esa frase diciendo: vencer al individuo común es crear»…

¿Es compatible el oficio de escritor con la militancia política?

— Sí, por supuesto, es compatible. Me gusta más la militancia política no de partido determinado, porque eso limita. He estado en el PRI, no lo niego, pero yo objetaba lo que han objetado Cuauhtémoc Cárdenas o González Guevara entre otros: el derecho a la autocrítica. A mí me parece que eso es esencial. Entonces, no sólo creo que es importante, sino que es conveniente que el escritor tenga un sentido de lo político, pero entendido esto como cómo demostrar interés en los problemas sociales y políticos: eso es fundamental.

¿Planea usted escribir sus memorias?

— Soy de las gentes que escribo mucho mis memorias porque hago muchos recuerdos en mis artículos, crónicas y libros… Me gusta eso. Escribir memorias así, en el sentido estricto es difícil porque creo que se necesita un valor especial: un valor como el de Vasconcelos por ejemplo. Pero si se revisan un montón de autobiografías, se encontrará uno con que la inmensa mayoría de la gente le tuvo miedo. Alfonso Reyes lo decía cuando le preguntaban si no iba a escribir sus memorias, él siempre contestaba «yo tengo miedo». Escribir una autobiografía es muy peligroso, pero a lo mejor ahí de los noventa años me decido…

¿Cuáles son los principios de Fedro Guillén?

— Amar la vida, amar la verdad, amar la justicia, amar la fraternidad… Amanecer y no decir «¡ay qué fastidio!, ¡ay qué mal está el tiempo!, ¡qué lata ir a trabajar!» sino decir «bueno, a pesar de las muchas cosas conflictivas yo sigo amando la vida», el cual es el mejor don de todos.

El hacedor de Nuestro belén: la trinidad señala que el interés por todo lo latinoamericano es una característica suya. Además subraya que tal virtud lo une con Carlos Pellicer «el cual era un latinoamericanista, un bolivariano en el mejor sentido de la palabra, porque hay mucha gente que se dice bolivariana, y hasta brindan por el libertador y ni siquiera lo han leído».

¿A quiénes admira usted?

— A los personajes que he estudiado. A Martin Luther King, por ejemplo, quien fue una gente que luchó a favor de los negros, a favor de la no discriminación y la no violencia… —señalando una imagen del líder máximo de la India— es posiblemente uno de los hombres que más admiro. Tenía una calidad humana sin parangón. Era verdaderamente un ser extraordinario; incluso Einstein —el genio matemático y físico— dijo de Gandhi: «él es tan superior a nosotros que en el futuro no van a creer que existió».

Por allá —señalando con la vista y con esa mano adiestrada en el arte de escribir—, tengo otro retrato de Albert Schweitzer, que era el mejor organista de Europa, pero él no estaba contento sólo con ser eso. Cuando lee que hacen falta misioneros en África —por el año de 1913—, comienza a estudiar medicina y se va a vivir a ese continente. Cincuenta años después le darían el premio Nobel de la Paz…

El maestro considera que un buen escritor debe ser algo misionero, algo apostólico, debe ser una gente que arrastre hacia buenas ideas. El ideal para él, es ir buscando cuál es nuestra misión en la vida, el para qué se está aquí. «El escribir ayuda a encontrar esa misión y poder aspirar a dejar regadas ideas, amigos, cariños. Creo eso suficiente y no estar pensando «¿se irán a acordar de mí dentro de cien años?». Yo no puedo decir que estoy satisfecho. Uno debe aspirar siempre a mejorar, a seguir progresando y hacer mejores cosas. Esto da fuerza para sobrellevar tantos sinsabores»…

Al salir de la sala se ve un cuadro de Lázaro Cárdenas firmando el reparto agrario. También se ve una pintura al óleo de Simón Bolívar: uno descubre ese brillo inconfundible de libertad y sueño en su mirada, la misma de Fedro Guillén.

* Nota: Esta entrevista, que obtuvo el Primer Lugar en el Certamen Nacional Juvenil de Periodismo en 1991, se publicó originalmente en el periódico El Día, el domingo 10 de septiembre de 1991.

Jorge Arturo Castillo

Jorge Arturo Castillo es licenciado en Ciencias de la Comunicación y cuenta con una maestría en Relaciones Internacionales, ambas por la UNAM, donde es profesor desde hace casi 30 años. Tiene más de 18 años de experiencia en la industria farmacéutica y es columnista especializado en medios varios. Su correo es: jcastillo@mundofarma.com.mx

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba