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Salud tiene información, pero pierde certezas

Confianza en salud ante nuevas fuentes

Entre-Vistas

  • Nunca habíamos tenido tantas fuentes para resolver una duda de salud y, paradójicamente, cada vez resulta más difícil saber a quién creer. El Edelman Trust Barometer 2026 revela que apenas 58% de los mexicanos se siente seguro de poder encontrar respuestas y tomar decisiones informadas sobre su salud.
  • Mariana Sanz, CEO de Edelman América Latina y gerente general de Edelman México, explica en entrevista por qué médicos, científicos, familiares, creadores de contenido e inteligencia artificial conviven hoy en un mismo ecosistema de influencia, y qué significa esta transformación para las industrias de la salud.

Jorge Arturo Castillo

Nunca fue tan sencillo hacer una pregunta sobre salud. Basta sacar el teléfono del bolsillo, escribir unas palabras y, en segundos, aparecen médicos, hospitales, artículos científicos, videos, testimonios, influencers, familiares virtuales y ahora también sistemas de inteligencia artificial dispuestos a responder. El problema comienza unos segundos después: entre tantas respuestas, ¿cuál debemos creer?

Esa contradicción atraviesa los resultados para México del Edelman Trust Barometer 2026: Confianza y Salud. Apenas 58% de las personas se siente segura de poder encontrar respuestas y tomar decisiones informadas sobre su salud, una caída de 13 puntos respecto de 2025. Más información, por lo visto, no necesariamente está produciendo mayor certidumbre.

“Tener acceso a más información no necesariamente se traduce en mayor certidumbre”, explica en entrevista para Mundo Farma Mariana Sanz, CEO de Edelman América Latina y gerente general de Edelman México. A su juicio, el desafío ya no consiste únicamente en colocar información al alcance de las personas, sino en ayudarlas a interpretar lo que reciben de médicos, familiares, creadores de contenido, redes sociales e inteligencia artificial.

Ahí puede estar una de las claves para entender el nuevo mapa de la confianza en salud. Durante décadas, buena parte de la comunicación sanitaria funcionó bajo una lógica relativamente sencilla: el experto sabía y el paciente escuchaba. Hoy esa relación no ha desaparecido, pero alrededor de ella se ha formado una conversación multitudinaria donde las credenciales profesionales compiten con algo mucho más difícil de medir: la experiencia personal.

Confianza fragmentada

Todavía en el centro de ese ecosistema, el médico conserva una posición privilegiada: 83% de los encuestados en México dice confiar en él para hablar de salud, mientras científicos y expertos alcanzan 80%. Sin embargo, esa confianza convive con otro dato revelador: 78% considera verdadera al menos una de seis afirmaciones sobre salud que dividen opiniones; 48% acepta una o dos y 30%, tres o más.

Particularmente sensibles resultan algunos de los temas incluidos en el estudio. Por ejemplo, 31% considera verdadero que los riesgos de las vacunas infantiles superan sus beneficios y 37% cree que se utilizan como mecanismo de control poblacional. Edelman evita interpretar estos resultados como una ruptura generalizada con la ciencia y apunta, en cambio, hacia un ecosistema donde diferentes fuentes ejercen influencia simultáneamente.

“Más que pensar en una postura uniforme de los mexicanos frente a la salud o a la ciencia, los vemos como una señal de un ecosistema de salud donde el médico comparte influencia con otros nuevos actores”, explica Sanz. Redes sociales, plataformas de IA, creadores de contenido, amigos y familiares forman parte de esa nueva constelación.

Curiosamente, exponerse a mayor cantidad de información tampoco parece resolver automáticamente el problema. De quienes consideran verdaderas tres o más afirmaciones divisivas, 73% consume noticias tradicionales de salud, 67% consulta información procedente de perspectivas políticas diferentes a la propia y 63% utiliza plataformas de inteligencia artificial para obtener respuestas sobre salud al menos una vez al mes.

Credenciales y experiencia

Tampoco funciona una explicación basada exclusivamente en la escolaridad. En México, 80% de quienes no tienen estudios universitarios considera verdadera al menos una afirmación que divide opiniones, pero la proporción se mantiene en 76% entre quienes sí cuentan con formación universitaria.

Pensar que basta con ofrecer más información o elevar el nivel educativo para eliminar las dudas resulta, por tanto, insuficiente. Al construir confianza intervienen factores que van desde la cercanía hasta la experiencia previa. Para muchos pacientes, haber recibido anteriormente un consejo útil puede pesar tanto como el currículum de quien lo ofrece.

Así lo muestran las cifras: entre quienes consideran verdaderas tres o más afirmaciones divisivas, 74% valora haber obtenido beneficios previamente al seguir los consejos de determinada persona; 72% toma en cuenta que sea recomendada por alguien conocido y confiable, mientras 70% considera importante que tenga experiencia personal relacionada con el problema de salud.

“Las credenciales siguen siendo importantes, pero ya no son el único criterio”, resume Sanz. Esto no significa que el conocimiento profesional haya perdido valor. Al momento de decidir, sin embargo, la autoridad científica comparte espacio con la confianza interpersonal, recomendaciones cercanas, experiencias semejantes y nuevas tecnologías.

IA entra al consultorio

Quizá ninguna transformación ilustre mejor ese cambio que la inteligencia artificial. En México, 65% considera que una persona sin formación médica, pero competente en el uso de IA, podría realizar al menos una tarea tan bien o mejor que un profesional de la salud. Más que una predicción sobre el reemplazo de médicos, el dato refleja la capacidad que una parte de la población ya atribuye a estas herramientas.

Al observar a los mexicanos que utilizan IA para gestionar su salud aparecen, además, razones profundamente humanas. Un 41% considera que al interactuar con estas plataformas puede describir mejor una experiencia sin sentirse juzgado, frente a 21% que opina lo mismo sobre los profesionales de la salud. Asimismo, 39% percibe a la IA como más fácil de entender, contra 23% para los profesionales.

Otra diferencia merece atención: 37% considera que la inteligencia artificial toma mejor en cuenta sus limitaciones personales, frente a 29% que atribuye esa cualidad a los profesionales sanitarios. Estas cifras no demuestran superioridad clínica de la tecnología; hablan de la experiencia que perciben quienes ya recurren a ella.

Para Sanz, ahí existe una oportunidad de aprendizaje. “No significa que la tecnología sustituya la relación humana. Pero sí muestra el valor que tienen la claridad, la escucha y la personalización”. Los profesionales mantienen, de hecho, una ventaja cuando se trata de responsabilizar al paciente de su propio cuidado: 29%, frente a 22% para la IA.

Escuchar antes de convencer

Resulta llamativo que las dudas convivan con una elevada confianza institucional. México registra 80% en hospitales, 84% en farmacias locales, 78% en empresas farmacéuticas y 76% en tecnología de salud, cifras que obligan a mirar el fenómeno con mayor cuidado.

Confiar e incorporar otras influencias no son conductas excluyentes, advierte Sanz. Alguien puede creer en su médico, acudir a un hospital o comprar un medicamento en una farmacia y, simultáneamente, escuchar el consejo de un familiar, consultar un video o preguntarle a una plataforma de IA antes de tomar una decisión.

También cambia la manera en que conviene enfrentar las dudas. Entre quienes consideran verdaderas una o dos afirmaciones divisivas, 62% valora que el profesional reconozca que quizá no tiene todas las respuestas y 59% considera importante que primero comprenda su situación, sentimientos y preocupaciones.

Frente a quienes aceptan tres o más de esas afirmaciones, la conversación exige todavía mayor sensibilidad: 50% valora que el profesional no intente demostrar inmediatamente que su punto de vista está equivocado y 48% aprecia que comparta ejemplos de recomendaciones que hayan funcionado para otras personas. “Existe una oportunidad para que los profesionales actúen como guías: escuchar primero, comprender las circunstancias del paciente y ayudarle a tomar decisiones informadas”, señala Sanz.

Reputación que coopera

Farmacéuticas, aseguradoras, compañías de tecnología médica y otras organizaciones del sector también reciben un mensaje. Ante temas de salud que dividen opiniones, 36% de los mexicanos afirma que aumentaría su confianza en una empresa si ésta fomenta la cooperación para encontrar soluciones sin tomar partido.

Ese porcentaje supera a quienes prefieren que una compañía apoye una postura alineada con sus propios valores, con 27%; a quienes consideran mejor que no adopte una posición pública, con 16%; e incluso a quienes desean que respalde la postura del propio encuestado, con 14%.

Aclarar esta lectura resulta importante. Sanz no plantea que las empresas nunca deban pronunciarse. “En un entorno dividido, la capacidad de generar espacios de cooperación puede convertirse en un activo importante de reputación”. El planteamiento adquiere peso porque 64% de los mexicanos confía en las empresas para atender correctamente sus necesidades y preocupaciones relacionadas con la salud, frente a 57% en el resultado global.

Para las industrias de la salud, semejante escenario obliga a revisar una vieja tentación de la comunicación corporativa: creer que comunicar consiste simplemente en emitir mensajes. En un ecosistema saturado, la reputación también puede construirse facilitando conversaciones, acercando perspectivas y ayudando a las personas a entender aquello que afecta directamente su vida.

Medios ante el ruido

También el periodismo enfrenta su propio examen. La confianza global en los medios para proporcionar información precisa sobre salud todavía no recupera los niveles anteriores a la pandemia, aunque el estudio no permite atribuir esa situación a un error específico.

Competir por la atención, además, ya no significa disputar únicamente lectores o audiencias entre periódicos, televisión, radio y medios digitales. Una consulta puede comenzar en un buscador, continuar en una red social, pasar por una inteligencia artificial, incorporar el consejo de un familiar y terminar frente a un médico. Cada fuente agrega una pieza y, algunas veces, también una contradicción.

En semejante contexto, la oportunidad para el periodismo quizá no radique en producir todavía más información, sino en hacerla comprensible. Sanz plantea que los medios pueden aportar “claridad y contexto, ayudar a las audiencias a interpretar información compleja y fortalecer la credibilidad a través de contenidos útiles y relevantes”.

Volvemos así a una de las funciones esenciales del periodismo de salud: explicar. Verificar sigue siendo indispensable, pero en tiempos de abundancia informativa ya no basta. También hay que ordenar, contextualizar y traducir, porque el ciudadano que recibe veinte respuestas distintas no necesariamente está veinte veces mejor informado.

Decidir en medio del ruido

Hacia adelante aparece una señal difícil de ignorar. Mientras sólo 58% de los mexicanos se siente seguro de poder encontrar respuestas y tomar decisiones informadas sobre su salud, 73% considera que el país está dividido en cuestiones sanitarias clave.

Dentro de ese grupo, 53% considera que semejante división está provocando pérdida de confianza en el sistema de salud; 49% identifica una pérdida de credibilidad del gobierno en estos temas y 45% piensa que las personas están sufriendo innecesariamente. Edelman aclara que el estudio no proyecta cuáles podrían ser las consecuencias futuras para las políticas públicas y evita especular al respecto.

Aun con esa cautela, los resultados permiten observar una transformación que ya está ocurriendo. Médicos y científicos continúan siendo referentes centrales, pero ya no hablan desde un escenario donde el resto guarda silencio. Frente a ellos existe una audiencia que compara, pregunta, duda, consulta otras fuentes y llega al encuentro clínico con información obtenida en lugares que hace apenas unos años ni siquiera existían.

Tal vez ésa sea la gran paradoja de la salud contemporánea: el conocimiento nunca estuvo tan cerca de nuestras manos y, al mismo tiempo, elegir en quién confiar se volvió más complejo. En ese nuevo territorio, médicos, hospitales, farmacéuticas, empresas tecnológicas y medios comparten un desafío. Ya no basta con tener la información correcta; también habrá que conseguir que las personas puedan comprenderla, ponerla en contexto y convertirla en mejores decisiones.

Jorge Arturo Castillo

Jorge Arturo Castillo es licenciado en Ciencias de la Comunicación y cuenta con una maestría en Relaciones Internacionales, ambas por la UNAM, donde es profesor desde hace casi 30 años. Tiene más de 18 años de experiencia en la industria farmacéutica y es columnista especializado en medios varios. Su correo es: jcastillo@mundofarma.com.mx

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